lunes 6 de agosto de 2007

Las ideas también van a la cárcel

Florencio Molina Campos. Argentina.
La fisonomía del campo chileno experimentaba constantes transformaciones en el siglo antes pasado. Algunas familias campesinas emigraban a Neuquén (Newken) que queda cerca de Chile pero a la vuelta de los Andes, lo que no es poco decir. Otros partían a establecerse a las ciudades. Por esos años el estado- nación aplicaba la radicación indígena (1884-1930), y algunas cosas cambiaban irremediablemente.

En la ciudad la cosa no era miel sobre hojuelas. Las familias pobres vivían en rancheríos insalubres. Cambiaban la libertad con hambre del campo y lo cerros, por el hacinamiento en conventillos que los enfermaba, física y espiritualmente. Los niños no podían jugar con tanta putrefacción. "Aun ai mas: las nuevas lagunas o pantanos de aguas detenidas que cercan a esta capital, descomponiéndose continuamente, inficionan la atmósfera y producen epidemias desoladoras..." (Informe del Intendente de Santiago Miguel de la Barra, 1846, citado por Salazar)

La mortalidad infantil por tanto era muy alta y la antigua tradición campesina del velorio de angelitos sobrevivía donde sea que fueran los campesinos, en la ciudad de Santiago o en Neuquén. En la ciudad sobrevivió incomprendida por las autoridades que la consideran barbárica y que la combaten activamente con una orden policial. En Neuquén sobrevivía mejor por ser un territorio de la Patagonia norte alejado de los centros de poder. Entonces el rito duraba días en que se animaba a los festivos con comidas, bebidas espirituosas, canto y baile.

Como el angelito es un alma pura, los familiares lo consideran un mediador ante Dios, que intercede para que éstos puedan alcanzar el cielo. Se dice que el angelito podía ser velado en varias casas de la comunidad antes de ser puesto definitivamente en su sepulcro. Leyendo una tesis sobre Teoría e Historia del Arte, titulada "La rebelión contra el cuerpo", de la U. de Chile, me enteré de las insospechables resonancias que un rito tan antiguo como éste, pueden provocar en una mente del siglo XXI. Y de otras expresiones relacionadas con los cuerpos muertos, con su consecuente carga de polémica.



Zaida González, artista visual chilena se inspira en el velorio de angelito para montar su exposición, llamada Conservatorio Celestial. Ella dijo que quienes la vieron pensaron que sus imágenes no eran reales, sin embargo lo son, son bebés de formol y su trabajo consistió en maquillarlos. Ella trabaja con fetos ocupados comúnmente en laboratorios, especies de monstruos a los que ella quiso dar una muerte gloriosa. No sé si para la exhibición se sirvió Gloriao.

Y la obra "Ruan" del Mongol Xiao Yu, que fue presentada en la Vienal de Venecia el 99. No tengo idea si este tipo sabe del ritual del angelito, pero las reminiscencias me surgen. Sin embargo éste "angelito" al parecer, ha sido intervenido por otros motivos, pues no sólo tiene el cuerpo de un pájaro en lugar de alas de papel, sino también tiene ojos de conejo.

A los lectores sensibles, disculpen la rudeza. Pero el punto que quiero graficar, no es el morbo, sino la profunda aceptación del credo cristiano de la muerte, asociado a la invisibilidad del cuerpo muerto, ante lo cuál el velorio del angelito aparece como salvaje (osea, etapa previa a la cristianización). El fuerte arraigo del credo cristiano es lo que moviliza a reaccionar condenando cualquier manipulación del cuerpo muerto, así como también genera respuestas respecto a la sexualidad de los cuerpos vivos.

Amén.

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