Crónica roja o la crisis privada de Chile.
Podría pensarse que en Chile ya no hay conflicto de clases, que no va más. Podemos decir que no hay movimientos de masas volcados a las calles, metáfora para decir espacio publico, ni tampoco hay una lucha sin cuartel ni tregua por asirse del aparato del Estado. Nada de eso, hoy mayoritariamente se respetan los cauces institucionales, aunque estos reduzcan la democracia a una pequeña rayita en un papel cada cuatro años. Hoy las instituciones funcionan, como le gustaba decir a mister Lake.
Y si después de esto estas comenzando a convencerte que todo esta cachilupi, debo decir que todo lo anterior no significa que no haya crisis, no señor. Lo que no hay es un cierto tipo de crisis, de características estructurales, públicas y abiertas, pero lo que si hay es una crisis privada que estalla en los lugares íntimos con violencia, depresión o drogas, y en espacios públicos como delincuencia.
Osea los que repiten como loros que en el 73 los niveles de violencia y odiosidad en Chile eran tan críticos que llevarían a una guerra civil, y que la dictadura sería entonces como un mal menor, bueno me pregunto que pueden decir hoy de nuestra actual crisis privada. No sería extraño mañana verlos aplicar cualquier medida genocida para remediar desórdenes mayores en caso que los haya. Pensándolo bien, la falta absoluta de oportunidad ya es un poco genocida.
El punto es que la crónica roja que tanto bienestar le produce a los dueños (disculpa, EL dueño) de los medios masivos, no es más que la triste crisis privada chilena que no tiene poco que ver con las razones de fondo de la crisis pública de los 70's. El problema sigue allí, apenas resuelto con pequeñas dosis de movilidad social, insuficientes en el cuadro general, que además revela que esos mayores grados de bienestar social se traducen exclusivamente en mayores grados de endeudamiento, y que cuando ese crédito es reventado, quedamos tan o más pobres que antes.
La crisis de violencia que denuncian día a día las crónicas rojas y que parece tan privada y tan aislada, es más bien una crisis estructural encubierta que toma nuevas formas para manifestarse. Una metamorfosis Kafkiana.
A la salud de Chile, pues!
Y si después de esto estas comenzando a convencerte que todo esta cachilupi, debo decir que todo lo anterior no significa que no haya crisis, no señor. Lo que no hay es un cierto tipo de crisis, de características estructurales, públicas y abiertas, pero lo que si hay es una crisis privada que estalla en los lugares íntimos con violencia, depresión o drogas, y en espacios públicos como delincuencia.
Osea los que repiten como loros que en el 73 los niveles de violencia y odiosidad en Chile eran tan críticos que llevarían a una guerra civil, y que la dictadura sería entonces como un mal menor, bueno me pregunto que pueden decir hoy de nuestra actual crisis privada. No sería extraño mañana verlos aplicar cualquier medida genocida para remediar desórdenes mayores en caso que los haya. Pensándolo bien, la falta absoluta de oportunidad ya es un poco genocida.
El punto es que la crónica roja que tanto bienestar le produce a los dueños (disculpa, EL dueño) de los medios masivos, no es más que la triste crisis privada chilena que no tiene poco que ver con las razones de fondo de la crisis pública de los 70's. El problema sigue allí, apenas resuelto con pequeñas dosis de movilidad social, insuficientes en el cuadro general, que además revela que esos mayores grados de bienestar social se traducen exclusivamente en mayores grados de endeudamiento, y que cuando ese crédito es reventado, quedamos tan o más pobres que antes.
La crisis de violencia que denuncian día a día las crónicas rojas y que parece tan privada y tan aislada, es más bien una crisis estructural encubierta que toma nuevas formas para manifestarse. Una metamorfosis Kafkiana.
A la salud de Chile, pues!


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